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04/02/2026 - “CLÁSICO IMPASSE”: ENERO ROMPIÓ EL MOLDE DEL MERCADO Y LAS INMOBILIARIAS RURALES ANTICIPAN UN 2026 CON BUENOS NEGOCIOS

El mercado de campos arrancó 2026 con expectativas positivas y la idea de que puede ser un año con buen nivel de actividad. Los operadores coincidieron en que hay demanda, interés por invertir y un escenario que, sin ser perfecto, resulta más previsible que en otros momentos. Al mismo tiempo, señalaron que la escasez de campos en venta empieza a generar presión sobre los valores en distintas zonas.

Aunque enero suele ser un mes más calmo, esta vez hubo más consultas, recorridas y algunas operaciones en marcha, un nivel de movimiento que estuvo por encima del habitual para esta época.

Esa lectura es la que planteó Juan José Madero, de LJ Ramos, al señalar: “Dentro de ese clásico impasse, ya la actividad venía con bastante agilidad y concreciones bien concretas. Ese bache de enero, si bien se dio como siempre pasa, se dio en un nivel más alto comparado con eneros anteriores”.

Según detalló, durante enero hubo consultas, recorridas y algunas operaciones que se terminaron de cerrar, además de un claro anticipo de movimiento para febrero, cuando se retoman plenamente las visitas y las negociaciones. “Entonces, esperamos un 2026 con una actividad sostenida”, afirmó.

Madero vinculó esa expectativa a un contexto político y macroeconómico más ordenado. “Tenemos un año no electoral, más tranquilo en ese sentido. Después los indicadores macro son favorables, con una inflación que está estable, tendiendo a la baja, un riesgo país en mínimos de muchos años y un dólar también estable”, sostuvo. A su juicio, ese escenario permite proyectar inversiones de largo plazo, típicas del mercado de tierras, aun en un país históricamente impredecible.

En ese marco, describió una dinámica particular entre inversores y propietarios. Por un lado, el inversor busca avanzar con proyectos productivos, impulsado por la expectativa de mejores condiciones para la producción. Por otro, el propietario, que en muchos casos no está urgido por vender, evalúa el momento adecuado para ejecutar la operación. “Hoy está teniendo un buen ingreso por alquiler, tanto ganadero como agrícola, y además está expectante por los cambios que puedan venir”, explicó.

Entre esos factores mencionó proyectos de ley vinculados a reformas impositivas y laborales, anuncios sobre la derogación o reformulación de normativas como la ley de tierras, la ley de bosques y la ley de fuego, y la expectativa de una eliminación gradual de las retenciones. “El sector sabe que ese es un rumbo que el Gobierno tiene dentro de su agenda”, indicó.

En cuanto a los valores, Madero explicó que el campo agrícola de máxima calidad ya mostró una recuperación significativa. “El famoso clase 1 zona núcleo hoy está en esos US$20.000, con un propietario parado en ese número y un inversor que puede llegar a convalidar hasta US$18.000. Ahí está la tensión, una nueva banda de negociación estabilizada”, describió.

El campo ganadero, en cambio, muestra una dinámica distinta. Según explicó Madero, más que una suba de precios, lo que se percibe es un cambio en la actitud de los inversores, que hoy están dispuestos a negociar valores que antes no convalidaban. “Más que recuperar o aumentar el valor del campo ganadero, lo que está pasando es que hay interesados en negociar que antes no lo estaban. Una suba de valores en el corto plazo no la veo”, afirmó.

Como referencia, detalló que en la Cuenca del Salado un campo con buena receptividad, en el orden de 0,7 unidades ganaderas por hectárea, se ubica alrededor de los US$3500 la hectárea, mientras que un campo de media vaca por hectárea ronda los US$2500–2700. En zonas más marginales de San Luis y La Pampa los valores parten de los US$600 la hectárea y pueden llegar a US$700–800 según las mejoras. En el sudeste bonaerense, en cambio, los campos agrícolas de alto potencial —como los de Tandil, Lobería o el cordón Mar y Sierras— se mueven entre US$11.000 y US$12.000 la hectárea.

El especialista también marcó como una limitante central la falta de crédito. “Hoy las tasas son altísimas, no se las dan a cualquiera y las carpetas para producir son con cuentagotas. Para comprar campos, menos que menos”, sostuvo. Según explicó, muchas operaciones con plazo se concretan con financiamiento directo del propietario al comprador, mediante hipotecas sobre el propio campo. A eso se suma la continuidad del cepo para personas jurídicas, otro factor que el mercado sigue de cerca.

En la misma línea, Miguel Conte, de Conte Bienes Raíces, afirmó: “El mercado rural argentino sigue muy activo, en línea con Uruguay, Paraguay y la región, atendiendo la necesidad del mercado de colocarse en activos reales, producto de la incertidumbre geopolítica actual”.

Conte destacó que en la Argentina se dio un fenómeno poco habitual, con una fuerte concentración de operaciones entre fines y comienzos de año. Según explicó, la zona centro muestra valores firmes y un mercado muy dinámico con oferta limitada, mientras que el Litoral y el NEA vienen creciendo con fuerza por el nuevo escenario ganadero. En cambio, el NOA aparece más lento, condicionado por ciclos climáticos adversos y la distancia a los puertos, que afecta a los planteos agrícolas.

En ese contexto, sostuvo que hoy las oportunidades más claras están en zonas más marginales para planteos mixtos, como San Luis, La Pampa, Formosa y Chaco. “Son los campos que todavía están baratos y están en oportunidad justamente porque son marginales. Hoy la ganadería te permite trabajar en esos campos marginales y, en la medida que se asiente este tema, va a haber más actividad en esos campos”, explicó en ese sentido.

Desde su inmobiliaria, Conte proyectó además un muy buen año en términos de volumen de negocios, con una expectativa de crecimiento del 20% para la Argentina y la región, y anticipó interés de capitales extranjeros que empiezan a visualizar oportunidades tanto en el país como en Paraguay.

Por su parte, Mariano Maurette, responsable de la sección Campos de Álzaga Unzué y Cía, coincidió en el diagnóstico positivo, más allá del freno estival. “El año terminó con bastante actividad y bastante interés, y el dato de color es la merma de campos en oferta”, señaló.

Según explicó, el ritmo de ventas de 2024 y 2025 no se recompuso con nueva oferta, lo que empieza a generar presión sobre los valores en algunas zonas. Maurette remarcó que el ánimo del inversor sigue siendo bueno y que la demanda se mantiene firme. “Sigue confiando, o sigue esperanzado, le cree a este gobierno o quiere creerle. Esa es un poco la razón por la cual la demanda no afloja nunca”, afirmó.

“Entramos a un 2026 con buen trabajo, con campos que, si no intentan ponerse locos con los valores, se van a seguir vendiendo”, sostuvo. Proyectó, además, un primer semestre activo, con la mirada puesta tanto en el escenario local como en la evolución del contexto internacional.
Fuente: La Nación
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